El palentino Álvaro Salgado, estudiante de Ingeniería Química de la Universidad de Valladolid, se proclamó anoche ganador del reto ‘400 Segundos’, organizado por el Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid y Ledu. Su propuesta plantea aprovechar la melaza de la remolacha para impulsar el campo y la industrialización de Castilla y León y contribuir así a frenar la salida de jóvenes de la comunidad. La sevillana Cristina Martínez, estudiante del doble máster en Ingeniería Industrial y MBA de la Universidad Pontificia Comillas, obtuvo el subcampeonato con una aplicación diseñada para captar el mejor talento en Fórmula 1.

Ante más de un centenar de asistentes y un jurado experto de empresas, colegios oficials y especialistas en comunicación, los diez finalistas, procedentes de distintos puntos de España y seleccionados entre más de 90 candidaturas, ofrecieron una demostración de oratoria aplicada a la ingeniería. Seguridad ferroviaria mediante inteligencia artificial, cirugía robótica en el espacio, prevención de incendios o protección de datos personales fueron algunos de los asuntos abordados en una edición que, además, sumó a su organización a los colegios oficiales de Galicia, Andalucía Occidental, Cantabria, Guipúzcoa y Valladolid así como el apoyo de Persán, EY, Smurfit Westrock, Speexx, Digitales, la Mutua de los Ingenieros, Coca-Cola Europacific Partners, Estrella Damm, Seur, Iberia, iryo y The Wise Skill.
‘400 Segundos’ confirma que una buena idea puede nacer en un aula, crecer con formación, afinarse con esfuerzo y acabar inspirando a todo un auditorio. Bastan 6 minutos y 40 segundos para presentar un proyecto; hacen falta, sin embargo, mucho talento, preparación y capacidad de síntesis para aprovechar cada segundo.
Los finalistas no llegaron al escenario igual que comenzaron esta experiencia. En el camino han dejado atrás dudas e inseguridades gracias a un proceso de preparación específico en comunicación oral. Con la experiencia de Ledu en Smart Communications, la iniciativa les ha proporcionado formación en un centro de alto rendimiento de oratoria, mentorías personalizadas y un assessment acreditado por The Wise Skill, reforzando herramientas clave para su desarrollo personal, académico y profesional.

Junto a Salgado y Martínez, completaron la final Íñigo Arreytunandia (grado en Ingeniería en Tecnologías Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid), Ester Álvarez (grado en Ingeniería de Organización Industrial de la Universidad de Vigo), Jorge Cigarrán (Máster Habilitante en Ingeniería Industrial de la Universidad Alfonso X el Sabio), Andrey Parrilla (Ingeniería en Técnicas Industriales de la Universidad Politécnica de Valencia), Lucía Albisua (Máster Habilitante en Ingeniería Industrial de la Universidad de Navarra), Paula Barrondo (grado en Ingeniería Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid), Marta Pérez (grado en Ingeniería en Tecnologías Industriales de la Universidad Loyola Andalucía) y Belén Paúl (Máster Habilitante en Ingeniería Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid).
“Me niego rotundamente a aceptar que el mejor producto que exportemos seamos nosotros mismos”, afirmó Salgado al comienzo de una intervención en la que defendió el potencial transformador de Castilla y León. El joven cerró su exposición con una apelación personal: “Tal día como hoy dentro de un año, mi hermano cumplirá 18 años. Este proyecto es mi regalo para que no tenga que hacer las maletas. Tenemos el diseño. Ahora, hagámoslo realidad”.
Para el ganador, “la respuesta está bajo nuestros pies: la remolacha”. Su propuesta plantea acoplar biorreactores de fermentación a plantas azucareras ya existentes para transformar in situ la melaza en bioplástico biodegradable de alto valor añadido. Mediante procesos bioquímicos, ese subproducto podría pasar de un valor actual en torno a los 20 céntimos por kilo a un biopolímero técnico valorado en alrededor de 5 euros por kilo. Además, la biomasa sobrante regresaría al campo como fertilizante rico en nitrógeno, cerrando así un ciclo de economía circular en el que la tierra alimenta a la fábrica y la fábrica devuelve valor a la tierra.
La dinámica del desafío, inspirada en el método PechaKucha, es tan sencilla en su planteamiento como exigente en su ejecución: cada participante presenta 20 diapositivas y dispone exactamente de 20 segundos para explicar cada una. En total, 400 segundos -6 minutos y 40 segundos- para defender una idea. Un formato que obliga a concentrar el mensaje, ordenar el pensamiento y comunicar con claridad, concisión y precisión, como demostraron los finalistas de esta edición.
